Versión completa: La Quinta Disciplina
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La semana pasada revolviendo un poco libros y cosas de los primeros años de la universidad me encontré con uno que había disfrutado mucho en su momento, pero ahora que lo releí una vez más con algunas experiencias sobre el hombro y no con el afán de aprobar un exámen puedo decir que es una verdadera joya.

Les dejo una pequeña intro y el que no lo haya leído lo recomiendo enormemente !


“Dadme una palanca y moveré el mundo”

Desde muy temprana edad nos enseñan a analizar los problemas, a fragmentar el mundo. Al parecer
esto facilita las tareas complejas, pero sin saberlo pagamos un precio enorme. Ya no vemos las consecuencias
de nuestros actos: perdemos nuestra sensación intrínseca de conexión con una totalidad más vasta. Cuando
intentamos ver la “imagen general”, tratamos de ensamblar nuevamente los fragmentos, enumerar y organizar
todas las piezas. Pero, como dice el físico David Bohm, esta tarea es fútil: es como ensamblar los fragmentos
de un espejo roto para ver un reflejo fiel. Al cabo de un tiempo desistimos de tratar de ver la totalidad.
Las herramientas e ideas presentadas en este libro están destinadas a destruir la ilusión de que el
mundo está compuesto por fuerzas separadas y desconectadas. Cuando abandonamos esta ilusión podemos
construir “organizaciones inteligentes”, organizaciones donde la gente expande continuamente su aptitud para
crear los resultados que desea, donde se cultivan nuevos y expansivos patrones de pensamiento, donde la
aspiración colectiva queda en libertad, y donde la gente continuamente aprende a aprender en conjunto.
Como decía recientemente la revista Fortune: “Olvide sus viejas y trilladas ideas acerca del
liderazgo. La empresa de mayor éxito de la década del 90 será algo llamado organización inteligente”. Y Arie
de Geus, jefe de planificación de Royal Dutch/Shell, ha declarado: “La capacidad de aprender con mayor
rapidez que los competidores quizá sea la única ventaja competitiva sostenible”. Al crecer la interconexión en
el mundo y la complejidad y el dinamismo en los negocios, el trabajo se vincula cada vez más con el
aprendizaje. Ya no basta con tener una persona que aprenda para la organización, llámese Ford, Sloan o
Watson. Ya no es posible “otear el panorama” y ordenar a los demás que sigan las órdenes del “gran
estratega”. Las organizaciones que cobrarán relevancia en el futuro serán las que descubran cómo aprovechar
el entusiasmo y la capacidad de aprendizaje de la gente en iodos los niveles de la organización.
Las organizaciones inteligentes son posibles porque en el fondo todos somos aprendices. Nadie tiene
que enseñar a un niño a aprender. En rigor, nadie tiene que enseñar nada a un niño. Los niños son
intrínsecamente inquisitivos, aprendices hábiles que aprenden a caminar, hablar y apañárselas por su cuenta.
Las organizaciones inteligentes son posibles porque aprender no sólo forma parte de nuestra naturaleza sino
que amamos aprender. En alguna ocasión la mayoría hemos formado parte de un gran “equipo”, un grupo de
personas que juntas funcionaban maravillosamente, se profesaban confianza, complementaban mutuamente
sus virtudes y compensaban mutuamente sus flaquezas, que tenían metas comunes más amplias que las metas
individuales, que producían resultados extraordinarios. He conocido a muchas personas que han
experimentado esta profunda labor de equipo, en los deportes, en las artes dramáticas o en los negocios.
Muchas han pasado gran parte de su vida procurando reencontrar esa experiencia. Lo que experimentaron fue
una organización inteligente. El equipo no era magnífico desde un principio, sino que aprendió a generar
resultados extraordinarios.
Se podría argumentar que la comunidad internacional de negocios está aprendiendo a aprender en
conjunto, transformándose en una comunidad abierta al aprendizaje. Aunque antaño muchas industrias
estaban dominadas por un líder indiscutido —IBM, Kodak, Procter & Gamble, Xerox—, las industrias
actuales, especialmente en manufacturación, cuentan con varias compañías excelentes. Las empresas
americanas y europeas siguen el ejemplo de las japonesas; las japonesas, a su vez, siguen a las coreanas y
europeas. Se producen notables mejoras en las empresas de Italia, Australia y Singapur, y pronto difunden su
influencia por todo el mundo.
Además hay otro movimiento —en cierto sentido más profundo— hacia las organizaciones
inteligentes, como parte de la evolución de la sociedad industrial. La opulencia material de la mayoría ha
desplazado gradualmente el enfoque del trabajo. La gente ha pasado de lo que Daniel Yankelovich llamaba
una visión “instrumental” del trabajo, el trabajo como medio para un fin, a una visión más “sagrada”, donde la
gente busca los beneficios intrínsecos del trabajo.1 “Nuestros abuelos trabajaban seis días por semana para
ganar lo que la mayoría de nosotros hemos ganado el martes por la tarde — dice Bill O'Brien, máximo
ejecutivo de Hanover Insurance—. El fermento en management continuará hasta que construyamos
organizaciones que guarden mayor coherencia con aspiraciones humanas que no se restrinjan al alimento, el
refugio y la pertenencia a un grupo. “
Más aún, muchas personas que comparten estos valores hoy ocupan posiciones de liderazgo. Aunque todavía constituyen una minoría, hay cada vez más dirigentes que se consideran parte de una profunda
evolución en la naturaleza del trabajo como institución social. “¿Por qué no podemos hacer buenas obras en el
trabajo? —preguntaba recientemente Edward Simón, presidente de Herman Miller—. La empresa es la única
institución que tiene una oportunidad, a mi entender, de subsanar fundamentalmente las injusticias de este
mundo. Pero primero debemos superar las barreras que nos impiden guiarnos por nuestra visión y ser capaces
de aprender. “
Quizá la razón de mayor peso para construir organizaciones inteligentes es que sólo ahora
comenzamos a comprender las aptitudes que dichas organizaciones deben poseer. Durante largo tiempo, los
esfuerzos para construir organizaciones inteligentes fueron como avances a tientas, hasta que se llegaron a
conocer las aptitudes, conocimientos y caminos para el desarrollo de tales organizaciones. Lo que distinguirá
fundamentalmente las organizaciones inteligentes de las tradicionales y autoritarias “organizaciones de
control” será el dominio de ciertas disciplinas básicas. Por eso son vitales las “disciplinas de la organización
inteligente”.
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